1. Aguas domésticas o urbanas (un área metropolitana estándar vierte un volumen de aguas residuales entre el 60 y el 80% de sus requerimientos diarios totales, el resto se usa para lavar coches y regar jardines, entre otros).
2. Aguas residuales industriales (la cantidad y naturaleza de los vertidos industriales es muy variada, dependiendo del tipo de industria, de la gestión de su consumo de agua y del grado de tratamiento que los vertidos reciben antes de su descarga).
3. Aguas de usos agrícolas
4. Aguas pluviales (el agua de lluvia residual contiene concentraciones significativas de bacterias, elementos traza, petróleo y productos químicos orgánicos).
Si bien es cierto que en México el 90% de las aguas residuales proviene del uso doméstico e industrial, actualmente se otorga especial atención a las aguas residuales provenientes de usos agrícolas y pluviales, debido a que los escurrimientos de fertilizantes (fosfatos) y pesticidas representan los principales causantes del envejecimiento de lagos y pantanos, proceso denominado eutrofización.
Se dice que un río, un lago o un embalse sufre eutrofización cuando sus aguas se enriquecen en nutrientes. Esto podría parecer positivo a primera vista. No obstante, cuando hay exceso de nutrientes en el agua, las plantas y otros organismos crecen en abundancia. Más tarde, cuando estos seres mueren y se pudren, llenan el agua de malos olores y le dan un aspecto nauseabundo, lo que disminuye drásticamente su calidad.
El tratamiento de las aguas residuales es un proceso complejo que exige un importante esfuerzo para la evaluación de las necesidades de depuración, como la caracterización de las aguas residuales. Esto último se logra a partir de diversas mediciones físicas, químicas y biológicas, entre las cuales se incluyen la determinación del contenido en sólidos, la demanda bioquímica de oxígeno, la demanda química de oxígeno y el pH.
El término depuración se utiliza para nombrar los distintos procesos implicados en la extracción, tratamiento y control sanitario de los productos de desecho arrastrados por el agua.
La depuración cobró importancia progresivamente desde principios de la década de 1970, como resultado de la preocupación general expresada en todo el mundo sobre el problema creciente de la contaminación humana del medio ambiente (desde el aire hasta los ríos, lagos, océanos y aguas subterráneas) por los desperdicios domésticos, industriales y municipales.
Las estaciones depuradoras de aguas residuales constituyen un método convencional de tratamiento. Los objetivos de operación de estas estaciones son:
· La eliminación de los desperdicios: grasas y aceites flotantes, arenas y, en general, todos los elementos gruesos que pueda contener el agua.
· La eliminación de los materiales decantables, tanto orgánicos como inorgánicos.
· La eliminación de la materia orgánica biodegradable disuelta en el agua.
· La estabilización y disposición de los fangos extraídos en los procesos.
De acuerdo a estos objetivos, la depuración consta de tres fases de tratamiento: primaria, secundaria y terciaria.
En la primaria se elimina un gran porcentaje de sólidos en suspensión y materia inorgánica.
En la secundaria se trata de reducir el contenido en materia orgánica, acelerando los procesos biológicos naturales.
La terciaria es necesaria cuando el agua va a ser reutilizada; elimina 99% de los sólidos y emplea varios procesos químicos para garantizar que el agua esté tan libre de impurezas como sea posible.
El proceso de depuración de aguas residuales tiene como producto principal el agua depurada que se incorpora a los cauces, pero también conlleva la generación de gran cantidad de subproductos, en especial los fangos ricos en materia orgánica que se producen en el tratamiento biológico y en las sucesivas decantaciones.