Una política del agua adecuada y válida debe cubrir todo tipo de demanda (urbana, agrícola e industrial, ocio, etc.) pero no debe olvidar la demanda medioambiental para el mantenimiento de los ecosistemas fluviales. Las actividades que intervengan en el ciclo del agua para el desarrollo social y económico tendrán que considerar los requisitos que también tiene la vida natural. Para realizar una buena y correcta planificación de los recursos hídricos se tienen que considerar los siguientes puntos: Solucionar los problemas de escasez Lograr los niveles de calidad exigidos Preservar el medio hídrico para conseguir un desarrollo sostenible Los planes hidrológicos son necesarios y deben ser un recurso de gestión. Pero estos planes deben contemplar la disponibilidad del agua, la demanda de la población y los recursos existentes en calidad y cantidad. No se pueden olvidar los recursos subterráneos. En una buena política del agua se debe dar prioridad a la investigación en el campo de la reutilización del agua, así como la desalación en algunas regiones. Las actividades que se contemplan en los planes hidrológicos son: - Identificar los usos y actividades presentes y futuras relacionadas con el agua en el escenario geográfico que se contempla.
- Establecer los objetivos de calidad ambiental necesarios para proteger dichos usos y actividades, acordados como "deseados" en el plan.
- Comparar estos objetivos con la situación ambiental actual.
- Identificar situaciones y problemas derivados de la interacción entre usos o que dificultan la consecución de los objetivos ambientales propuestos.
- Identificar posibles soluciones a dichos problemas.
- Consultar sobre usos, objetivos, situaciones y alternativas posibles.
- Preparar el plan de acción correspondiente, donde se detallan los medios para conseguir los objetivos propuestos y el calendario previsto para ello.
- Ejecutar dicho plan.
- Revisar periódicamente el plan propuesto y actualizarlo en los aspectos o situaciones que lo requieran.
El Plan Hidrológico Nacional planteaba una dotación de 260 l/hab/día para uso urbano, lo que viene a suponer el 13% del recurso total disponible y 2,800 l/hab/día para todos los usos (urbano, industrial, agrícola, etc.). En realidad, si se tiene en cuenta el rendimiento de las redes de abastecimiento urbano, el consumo efectivo vendría a ser de 230 l/hab/día. La política del agua debe estar dirigida a lo que ha venido en llamarse cultura del agua, para que este recurso natural sea considerado como un bien escaso y el ahorro se anteponga al derroche. La toma de conciencia, tanto de la sociedad en general como de los políticos en particular, juega un papel esencial en este cambio. No podemos olvidar que el agua es vital y que es tan importante su calidad como la cantidad de la que se disponga, ya que calidad y cantidad son dos aspectos directamente unidos. Fuente: http://www.miliarium.com/monografias/PHN/PoliticaAgua.asp |