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La producción agropecuaria es la principal fuente de alimentos de la humanidad. Incluye agricultura, ganadería, acuicultura y silvicultura. Alrededor de un 70% del agua disponible se destina al riego. Esta cantidad aumentará 14% en los próximos treinta años. El bombeo de los acuíferos y el uso de productos agroquímicos son algunos de los problemas del sector.
La producción agropecuaria siempre ha aumentado paralelamente al crecimiento demográfico. Sin embargo, 777 millones de personas sufren desnutrición en los países en vías de desarrollo. La sobreexplotación del agua subterránea por parte de los agricultores excede los niveles de alimentación natural de los acuíferos en al menos 160,000 millones de metros cúbicos cada año. La cantidad de agua que se consume para producir una cosecha es enorme: se necesitan entre uno y tres metros cúbicos de agua para cosechar un kilo de arroz y 1000 toneladas de agua para producir una tonelada de grano.
La superficie destinada a la agricultura ha aumentado en 12% desde los años sesenta, hasta abarcar casi 1,500 millones de hectáreas. Se estima que la cantidad de agua extraída en el mundo para riego está entre 2,000 y 2,555 km³ al año. Los pastos y las cosechas ocupan 37% de la superficie terrestre.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las prácticas de riego y el escaso drenaje han conducido a la salinización de aproximadamente 10% de las tierras irrigadas del mundo (30 millones de hectáreas de los 255 millones hectáreas de tierra irrigadas). Una combinación de encharcamiento y salinización afecta a otros 80 millones hectáreas.
La agricultura es en gran parte responsable del agotamiento del agua subterránea disponible y de 70% de su contaminación. Ambos fenómenos se aceleran. Las grandes plantaciones de cereales del mundo consumen agua subterránea a un ritmo insostenible. En total, el agotamiento anual de agua en India, China, Estados Unidos, el norte de África y la Península Arábiga suma 160,000 millones de metros cúbicos al año; el doble del flujo anual del río Nilo. Las inversiones destinadas a incrementar la productividad del agua en los productos básicos o en los cultivos de elevado valor comercial no deberían degradar irreparablemente los recursos hídricos y sus ecosistemas. La FAO subraya la necesidad de invertir en agua, agricultura y ecosistemas como estrategia para reducir el hambre y la pobreza. "El agua, los alimentos y los ecosistemas son tres aspectos de nuestro bienestar mundial tan íntimamente unidos que se han vuelto decisivos para los medios de subsistencia, el desarrollo sostenible y la estabilidad política", señala Harcharik, Director General Adjunto de la FAO. "Estos aspectos merecen recibir más atención de la que actualmente se dedica a su descripción y conocimiento." |
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