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Las mujeres y la agricultura PDF Imprimir E-mail

Las mujeres han sido siempre las guardianas de la biodiversidad en todos los rincones del mundo.

 

Día internacional de la mujer: las mujeres y la agricultura, por Asociación Vida Sana


El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. En este día, la Asociación Vida Sana destaca a la mujer rural, reconocida como la principal sostenedora y transmisora del conocimiento tradicional. Es pues, un día para reflexionar y discutir sobre los modos de prevenir la erosión y de reducirla en beneficio de las comunidades rurales

Hay en el mundo, según la FAO, más de 1.600 millones de mujeres rurales, la mayoría agricultoras, más de la cuarta parte de la población mundial. Las mujeres tienen tan sólo el 2% de la propiedad de la tierra y reciben el 1% de los créditos destinados a la agricultura. Las dos terceras partes de la población analfabeta son mujeres rurales. Desde 1970 se ha duplicado el número de mujeres rurales que viven en la pobreza.

Las mujeres han sido siempre las guardianas de la biodiversidad en todos los rincones del mundo. Las sociedades, las costumbres, incluso los ritos y los mitos han tenido siempre como pilares la producción para el sustento y la fertilidad tanto de la tierra como de los demás seres vivos y las mujeres han estado ahí produciendo, sembrando, escardando, recolectando y trillando cosechas desde que se conoce la agricultura.

El trabajo de la mujer campesina, altamente valorado por todas las culturas originarias, ha ido poco a poco perdiendo su papel protagonista en la medida en que se han instalando en el medio rural la agroindustria y la tecnología.
Todavía en el mundo de hoy, las campesinas son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos y producen entre el 60% y el 80% de los alimentos en la mayoría de los países en desarrollo.

Son ellas también las productoras de los principales cultivos básicos de todo el mundo -el arroz, el trigo y el maíz, que proporcionan hasta el 90% de los alimentos que consumen los pobres de las zonas rurales-. Su contribución a la producción de otros cultivos, como las legumbres y hortalizas, es incluso mayor. Esos cultivos, producidos principalmente en los huertos familiares, proporcionan nutrientes esenciales y representan a menudo el único alimento disponible durante los periodos de escasez previos a la cosecha o cuando las cosechas principales se pierden. Los conocimientos especializados de las mujeres en relación con los recursos genéticos aplicados a la agricultura y la alimentación hace que sean ellas las principales protagonistas en el sustento y evolución de la variedad genética. Una vez que se ha recogido la cosecha, las mujeres aportan la mayor parte de la mano de obra necesaria para las actividades post-cosecha, responsabilizándose del almacenamiento, la manipulación, la constitución de reservas, la elaboración y la comercialización. En el sector pecuario, las mujeres dan de comer y ordeñan a los animales de mayor tamaño, además de criar aves de corral y animales pequeños como ovejas, cabras, conejos...

Seguridad alimentaria

Las mujeres tienen conocimientos únicos sobre el valor de los recursos genéticos y su utilización para la agricultura y la alimentación. En el África subsahariana, las mujeres cultivan hasta 120 especies vegetales diferentes en los espacios libres junto a los cultivos comerciales de los hombres. En las regiones andinas de Bolivia, Colombia y Perú, las mujeres establecen y mantienen los bancos de semillas de los que depende la producción de alimentos. En Rwanda, las mujeres son las productoras tradicionales de judías, conocidas como la "carne" del campo, que aportan una cuarta parte de las calorías y casi la mitad de las proteínas que ingiere la población. Para la seguridad alimentaria mundial es imprescindible pues la colaboración de la mujer.

Aunque las campesinas están asumiendo un papel crecientemente importante en la agricultura, siguen contándose entre los grupos de población más desfavorecidos. La guerra, la migración de los varones a las ciudades en busca de trabajo remunerado y la creciente mortalidad causada por enfermedades como el sida han producido un aumento del número de familias encabezadas por mujeres en los países del Sur.

Diversos estudios realizados por la FAO demuestran que, si bien en la mayoría de estos países las mujeres son un pilar fundamental de los sectores agrarios, la mano de obra agrícola y los sistemas alimentarios, así como para la subsistencia diaria de la familia, han sido las últimas en beneficiarse de los procesos de desarrollo y el crecimiento económico en curso, y en algunos casos se han visto incluso negativamente afectadas por ellos.

Esta situación, que a menudo es analizada como negativa, tiene en el momento actual un valor especial. Las mujeres están más ligadas a la tierra, a la cultura y a la familia que los varones. La mujer, por su condición de madre, es menos engañable ante las continuas promesas y bondades falsas de las grandes transnacionales.

Según reconoce la propia FAO, la potenciación de la capacidad de acción de la mujer es fundamental para mejorar los niveles de nutrición, aumentar la producción y distribución de alimentos y productos agrícolas, y realzar las condiciones de vida de las poblaciones rurales. El Plan de Acción de la FAO para la integración de la mujer en el desarrollo (1996-2001) vela por la integración de consideraciones de género en todos los proyectos y actividades pertinentes de la FAO y por la participación en ellos de las mujeres. Su finalidad es proporcionar a la mujer acceso en condiciones de igualdad a la tierra y otros recursos productivos y control sobre los mismos, incrementar su participación en los procesos de decisión y adopción de políticas, reducir su volumen de trabajo y aumentar las posibilidades de conseguir empleo remunerado e ingresos.

Pero no nos equivoquemos, la FAO está más próxima a integrar a la mujer para que ésta entre en el mercado productivo dentro de la concepción capitalista. Está lejos de considerar a la mujer dentro del concepto de economía y trabajo local y de sustento sin apoyo de insumos externos que, a la corta y a la larga, son los verdaderos causantes del hambre y la pobreza en el mundo, del despoblamiento rural y del aumento de la deuda externa y la dependencia de los países ricos y opulentos.

Angeles Parra. Secretaria G. Asociación Vida Sana

Los datos han sido recogidos de:
www.rural-womans-day.org
www.fao.org/gender/genero.htm

Datos y cifras

? En el sudeste de Asia, las mujeres representan hasta el 90% de la mano de obra necesaria en el cultivo del arroz.
? En el África subsahariana, las mujeres producen hasta el 80% de los alimentos básicos para el consumo familiar y para la venta.
? Las mujeres realizan del 25% al 45% de las faenas agrícolas en Colombia y Perú.
? Las mujeres constituyen el 53% de los trabajadores agrícolas en Egipto.
? Menos del 10% de las agricultoras de India, Nepal y Tailandia poseen tierras.
? Un análisis de los sistemas de crédito en cinco países africanos reveló que las mujeres recibían menos del 10% del crédito concedido a los pequeños agricultores.
? Tan sólo el 15% de los agentes de extensión agraria de todo el mundo son mujeres.

EL SABER PROPIO DE LAS MUJERES Y LA CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

La destrucción de la diversidad y la creación de monocultivos se convierten en un imperativo para el patriarcado capitalista. La marginación de las mujeres y la destrucción de la biodiversidad son procesos que van unidos. La pérdida de la diversidad es el precio del modelo patriarcal de progreso, que presiona inexorablemente a favor de los monocultivos, la uniformidad y la homogeneidad. Hasta la conservación se ve afectada por esta lógica perversa del progreso. El desarrollo agrario continúa fomentando la supresión de la diversidad, mientras los mismos grupos de intereses de ámbito mundial que destruyen la biodiversidad instan al Sur a que vele por su conservación. Esta separación entre la producción y el consumo -producción basada en la uniformidad- y la conservación que hace esfuerzos desesperados para mantener la diversidad, actúa en contra de la protección de la biodiversidad. Sólo será posible protegerla si se adopta la diversidad como base, fundamento y principio lógico de la tecnología y la economía productivas.

La mejor manera de entender la lógica de la diversidad es partir de la biodiversidad y de la vinculación que con ésta mantienen las mujeres. Esto permite contemplar las estructuras dominantes desde abajo, desde el ámbito de la diversidad, donde queda de manifiesto que los monocultivos son improductivos y que los conocimientos en los que se basan, lejos de ser refinados, son primitivos.

La diversidad está, en muchos aspectos, en la base de la política de las mujeres y de la política ecológica. La política de género es en gran parte una política de la diferencia. La ecopolítica se basa asimismo en la variedad y las diferencias de la naturaleza, en contraposición a la uniformidad y homogeneidad de las mercancías y los procesos industriales.
Estas dos políticas de la diversidad convergen cuando las mujeres y la biodiversidad entran en contacto en los campos y los bosques, en las regiones áridas y las zonas de humedales.

Texto extraído de La praxis del ecofeminismo. Vandana Shiva. Icaria-Antrazyt.

LA TIERRA: UNA MUJER PREÑADA

La fertilidad del mundo

Una gran parte de la producción mundial de alimentos es biológica (según algunas instituciones, hasta el 80%. Esa agricultura es la agricultura de subsistencia en muchos de los países del Sur y produce alimentos sanos, pese a la escasez). Es agricultura ?bio?, eso sí, no en el sentido europeo del término, pero sí en el sentido más estricto y esencial (aunque sin certificados ni avales, lo que no significa que esos ?papeles? no sean necesarios en Europa, habida cuenta de lo fraudulentas que pueden llegar a ser algunas empresas, sobre todo las grandes firmas de la alimentación). Sin embargo, la opinión pública internacional, mediatizada por periodistas con sobresueldo y los estudios científicos financiados por las propias empresas transnacionales, todavía cree que la agroquímica es la solución al hambre en el mundo. Según datos de la FAO, la tierra puede ser capaz de alimentar, con una dieta ética y suficiente, a 12.000 millones de personas (sólo somos 6.000 millones y casi la mitad pasa hambre). Además, los ?productos? orgánicos alimentaron hasta hace muy poco, unas cuantas décadas, a toda la Humanidad, y a lo largo de cientos de miles de años. El problema no es lo ?bio? sí o lo ?bio? no, sino el pésimo reparto de la riqueza en el orbe: las desgracias que ha traído consigo la economía excedentaria (hoy llamada ?globalización?).

En la mayoría de casos, esa agricultura de subsistencia está en manos de mujeres. Esto es así porque una agricultura basada en el autoconsumo y en la no utilización de insumos externos sólo puede funcionar si las personas que trabajan en las fincas conocen bien el don de la fertilidad. Hace mucho tiempo, Gibran Khalil Gibran, el gran poeta maronita del Líbano, ya dijo que cualquier jardinero conoce mucho mejor los secretos de la botánica que todos los científicos/biólogos del planeta. Podríamos añadir, en este caso, que las mujeres que todavía no han perdido el conocimiento tradicional de la agricultura popular, mujeres del África subsahariana o de la cordillera andina, mujeres nepalíes o de todo el sudeste asiático, saben más de la fertilidad del suelo, y de los secretos botánicos, que los científicos de Monsanto, Novartis... ¿Por qué? Porque su conocimiento parte, primero, de la observación directa de la realidad; es un conocimiento, además, heredero de miles de años de tradición; y, sobre todo, es un saber cimentado sobre las bases de la experiencia y, concretamente, de lo local. Los científicos, incluso los más diestros en biotecnología, poseen un saber aprendido en facultades; se basa en experimentos en laboratorios, que, por tanto, niegan la realidad de los ecosistemas; es un saber (patriarcal) que blasfema de la tradición, pero que la esquilma cuando merece la pena desde el punto de vista financiero (biopiratería en el Sur: registro genético a cargo de grandes empresas occidentales de hallazgos populares milenarios en países no occidentales, como el caso del árbol del neem en India). Hay muchas más diferencias, pero éstas son algunas de las más importantes.

Y luego, claro, está lo femenino, su hermandad. La tierra es una hembra. Una hembra que, fértil y bella, se reproduce y da sus frutos, que son nuestros alimentos. Los animales que nos proporcionan leche, carne y otros alimentos, como miel o huevos, también son hembras: vacas, ovejas, gallinas, abejas... ¿Quién se entenderá mejor con ellas? La tierra es una hembra preñada: las mujeres campesinas del mundo son las comadronas que, con cariño y saber, ejercen de parteras; la tierra, agradecida, vuelve a fecundarse cosecha tras cosecha. En ese símil, los científicos de corporaciones como Monsanto o Novartis poco tienen que ver con las manos suaves y aterciopeladas de las comadronas; son lo contrario, el bisturí del abortista que, no satisfecho de su cometido, extirpa el útero para zanjar la herida con otra herida. Desde que la industria patriarcal gobierna el devenir de la agricultura mundial, usurpando el lugar legítimo que les corresponde a las madres y abuelas del mundo, la seguridad alimentaria y los agrosistemas de todo el globo están en peligro. Desertización de la tierra, escándalos alimentarios, emigración rural, altas tasas de cáncer en trabajadores agrarios, contaminación irreversible de los cauces fluviales y aguas freáticas... ¿Seguimos? (Revista The Ecologist)

Asociación Vida Sana
Cl. Mercé Rodoreda, 18
08193 Bellaterra (BCN)
Tel: 93 58 00 818 Fax: 93 58 01 120
Email:
redaccion@vidasana.org
Web: www.vidasana.org

Sitio Web (URL): http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/8594

Autor(es): Asociación Vida Sana

 

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