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El modelo económico de desarrollo vigente en México, de corte neoliberal, antropocéntrico y profundamente patriarcal, genera riqueza y pobreza extremas, abuso y explotación de la naturaleza y las personas.
La iniquidad de género: obstáculo para la Sustentabilidad La pobreza y el deterioro ambiental son fenómenos que han venido incrementándose y agravándose en todo el planeta, especialmente durante las últimas décadas. No es una coincidencia que este proceso acompañe al modelo de desarrollo industrial occidental, que ahora se extiende en todo el globo terrestre; por el contrario, es inherente a dicho modelo. Este modelo se basa, especialmente en dos ideas claves y su consecuente manipulación, la de la insaciabilidad humana léase crecimiento económico, y la de el poder de dominación inherente de los seres humanos sobre la naturaleza (antropocentrismo). Estas ideas y su correspondiente manejo y actuar cultural, social, político, económico y religioso, han colocado a ciertos grupos minoritarios de la población, en una posición de poder autoritario, explotador y abusivo que pretende consumir indefinidamente y sin mesura las riquezas naturales de la Tierra y explotar al resto de los seres humanos, particularmente a las mujeres. De esta manera, el modelo económico de desarrollo vigente en México y, si prácticamente en la mayor parte del mundo, de corte neoliberal, antropocéntrico y profundamente patriarcal, genera riqueza y pobreza extremas, abuso y explotación de la naturaleza y las personas. Varios autores han concluido que la pobreza y la crisis ecológica no son una consecuencia de la sobrepoblación. Hay hambre, no porque haya exceso de gente, escasez de alimentos o de tierras para cultivos, sino porque tanto los alimentos, como el suelo, están siendo acaparados por minorías, con afán infinito de lucro y dominio. Dentro de este sistema de dominación, las élites, un porcentaje pequeño de la población (20%) derrochan y envenenan los recursos, la base de la vida, en una proporción mucho más alta (80%) que el resto de la población (20%). En muchas ocasiones las personas más pobres presionan sobre los recursos fuertemente porque no se les han dejado otras opciones. El exceso de población no es la causa primera de la destrucción ambiental y la escasez de recursos; es la iniquidad y la injusticia las que llevan a esa problemática. En la Tierra existen suficientes recursos (me gustaría más llamarlos dones) para compartirlos entre todos los seres vivos (incluyendo los humanos), bajo un patrón de vida de sencillez y autosuficiencia. Gandhi decía: si cada uno de los habitantes de la India tuviera el modelo de vida de los ingleses, no alcanzarían 100 planetas Tierra para lograrlo. El fenómeno de la pobreza, que atañe a amplios sectores de la población, tanto femenina como masculina, golpea con mayor severidad señaladamente a las mujeres, los niños y los ancianos. En la distribución de los ingresos, concretamente en cuanto a alimentación y educación, se jerarquiza y privilegia el acceso tanto al esposo-padre-proovedor como a los hijos varones. Así, la pobreza es experimentada con mayor intensidad por las mujeres, quienes, especialmente en las zonas rurales de los países mal llamados del tercer mundo, viven en condiciones de miseria aguda, marginación, escasez de agua, desnutrición, jornadas de trabajo dobles y hasta triples y un ambiente insalubre; en pocas palabras, una pésima calidad de vida. La mayoría de las mujeres trabajadoras son relegadas a los empleos más inestables y peor remunerados, muchas veces son utilizadas como fuente de mano de obra barata o gratuita. La mayoría de las mujeres sufren un acceso inequitativo no sólo a la alimentación, la salud, la educación y el empleo, sino además, a la tenencia de la tierra, los créditos, la tecnología y concretamente a las toma decisiones, tanto en lo concerniente a las comunidades donde viven, como dentro de sus familias y hacia su propia vida. Algunos datos al respecto: Las mujeres son la mitad de la población del mundo, sin embargo  | Trabajan las dos terceras partes de las horas laboradas mundiales |  | Reciben un décimo de los ingresos mundiales |  | Poseen el 1% de las propiedades del mundo |  | Dos de cada 3 personas iletradas del mundo son mujeres |  | Las mujeres rurales de los llamados países en desarrollo, producen en conjunto por lo menos el 50% de la producción alimenticia. (World Vision Canada) |
Por si esto fuera poco, además de estas iniquidades y discriminaciones, las mujeres son receptoras de abundantes y diferentes formas de agresión y violencia, tanto física como psicológica. Por otro lado, el gravísimo deterioro ambiental afecta a todos los seres vivientes, sin embargo, la población más vulnerable a los efectos de la degradación ambiental y contaminación, debido a su marginación, son los indígenas, las mujeres, las niñas y las ancianas. La subordinación y discriminación de las mujeres difiere sólo en grados del tercer, al segundo y primer mundos y, de las élites a las capas sociales más pobres. La devaluación de la mujer está encajada en el tejido cultural y social, es una premisa básica en una estructura de dominación de un sistema fuertemente colonialista, cuya prédica fundamental es el progreso-crecimiento económico, basado en la adquisición y uso prácticamente gratuito de los recursos naturales y la mano de obra barata. Tanto las sociedades de corte liberal-capitalista, como las socialistas-marxistas viven de un presupuesto común: lo importante es crecer económicamente, expandir los mercados y llenarlos de bienes y servicios. En las primeras, la mayor parte de esos bienes y servicios sólo son accesibles a una minoría, a las élites, mientras que en las segundas, se intenta distribuirlos al mayor número posible de personas. (Leonardo Boff, Grito de la Tierra, Grito de los pobres, Ediciones Dabar, México, 1996, p 125) Ambas sociedades comparten también una visión común el antropocentrismo. Esta visión considera que todos los seres y cosas existen para beneficio y al servicio de los seres humanos y que, nosotras, podemos disponer de ellos, explotarlos y someterlos a nuestro antojo y libre determinación, respondiendo a nuestros deseos y proyectos. De esta manera, los seres humanos se organizan y viven centrados en ellas mismas y alejadas de los demás seres. Bajo esta visión, se pone a los seres humanos en el centro del universo, en el colmo de la arrogancia y ausencia del más mínimo sentido de humildad con la naturaleza, pues en realidad, los seres humanos, somos el fruto de un complejo y larguísimo proceso de evolución de alrededor de 15 mil millones de años. Si utilizáramos una equivalencia al alcance de nuestra comprensión, y pensáramos que esta fiesta de creación y evolución de miles de millones de años, fuera equivalente a un solo día, el momento en que aparecimos los humanos, hombres y mujeres, gracias a todo el proceso evolutivo anterior, correspondería a los últimos segundos de ese día. Es decir, somos un pestañazo en la danza de la vida, somos una de las últimas especies invitadas al festejo y, este fue preparado prácticamente sin nuestra intervención como humanos. Aparecimos en la fiesta de la creación en los últimos segundos de ese día y aún así queremos servirnos con la cuchara gorda. Pensamos que tenemos el derecho de utilizar y explotar a la naturaleza y a todos los seres que forman parte de ella, como si fueran de nuestra propiedad o como si fueran nuestra propia creación. Hace ya varios siglos que se abandonó la creencia de que la Tierra era el centro del universo, sin embargo, la idea de que la especie humana es el centro de la vida y tiene derechos sobre de ella, aún prevalece en las ideologías humanas dominantes en este planeta. Bajo esta visión nada más que lo humano tiene valor…. Se olvida de que el universo y la Tierra no son el resultado de su creatividad ni fruto de su voluntad. El no asistió a su nacimiento, ni definió la trayectoria del tiempo, ni inventó las energías primordiales que siguen operantes en el inmenso proceso evolutivo y que están actuando en su misma naturaleza humana. (Ibid, p 131) Ni el universo ni la Tierra ni sus moradores le pertenecen, como se nos quiere hacer pensar, más bien somos nosotros, hombres y mujeres quienes pertenecemos a la Tierra y al universo y formamos parte de un complejo y maravilloso sistema de interdependencias. Tenemos un mismo origen y un destino similar, pero esto aún no es reconocido por la mayoría de los seres humanos. Con esta actitud, sintiendo y actuando por encima de los demás seres y cosas, en vez de al lado y con ellas, se encuentra uno de los principales pilares de la actual civilización en crisis. El antropocentrismo no ha traído por consecuencia la esperada inmortalidad humana, sino más bien la ruptura de los lazos naturales con nuestra gran familia, la comunidad global y cósmica. Tanto en el sistema capitalista como en el socialista, el crecimiento económico y la actitud antropocéntrica, no han producido verdadero desarrollo social y sí en cambio, una gravísima destrucción ambiental. En el primero, se ha generado una gran brecha económica entre las clases sociales, discriminación de sexos, clases, etnias y generaciones, injusticia y una pésima calidad de vida para las mayorías. En el segundo, se ha producido una severa masificación, autoritarismo, represión hacia la participación y de la creatividad de las personas. En ninguno de los dos se ha superado la cultura machista y fuertemente patriarcal. Los dos modelos de sociedad han roto con la Tierra. La han reducido a una reserva de materias primas o de recursos naturales. A su vez, las personas han pasado a ser codificadas, como recursos humanos o capital humano, a disposición de los dueños de los medios de producción, ya sea el Capital o el Estado. (Ibid, p 126) La realidad es que cada día que pasa hay más pobreza, menos tierra fértil, menos agua disponible, menos riqueza genética y el planeta se encuentra severamente envenenado. Las mercancías han aumentado, pero la naturaleza y la vida se han reducido y siguen reduciéndose día con día. Estos dos tipos de sociedad se sustentan en una serie de profundos y significativos dualismos, separando y aislando sus extremos: Entonces, uno de los extremos de estas dualidades domina sobre el otro. Al extremo dominante se le identifica comunmente como masculino. Mientras más se separa a uno del otro, más se afirma el sistema de dominio. Esto, en ambos sistemas, lleva finalmente a un aislamiento profundo del ser humano, respecto de si misma, de otros seres humanos y, especialmente, respecto de la comunidad cósmica, desdeñando el tejido maravilloso de interdependencias y complementariedades que nos hacen posibles y que, de hecho, se unieron para que los seres humanos surgiésemos, como los demás seres, en el proceso evolutivo. Tanto el capitalismo como el socialismo, se oponen a la evolución natural, con su impulso hacia la diferenciación, la diversidad, la complementariedad y la interdependencia. Tanto en uno como en otro sistema, la mayoría de los seres humanos nos vemos y sentimos separados de todo cuanto nos rodea y, todas. El antropocentrismo fue más allá y se transformó en un androcentrismo, visión centrada en el varón, en lo masculino. El ser humano varón se autoproclamó como el rey, amo y señor de la creación, de la naturaleza. La mujer fue considerada como parte de la naturaleza y ambas, consideradas una posesión del hombre. De esta manera, los problemas ecológicos fundamentales, así como los sociales, hunden sus raíces en el surgimiento de la cultura patricéntrica misma y, estos surgen tanto de las jerarquizaciones y dualismos como de la división en géneros y clases sociales. Pero no siempre fue así, existen evidencias antropológicas, símbolos religiosos y artísticos, cuya interpretación nos habla de que en el pasado, algunas estuvieron organizadas bajo visiones de la vida radicalmente diferente a la actual. (Charlene Spretnak ubica esta época, aproximadamente de los 25 mil a cuatro mil 500 años ac). En ellas se honraba y reverenciaba a la naturaleza, a la madre Tierra, a los misterios de la creación, nuestros cuerpos, a los elementos, los animales, nuestros sentimientos y nuestros poderes transformadores. Las tumbas encontradas son igualitarias y no se han encontrado evidencias de guerra, (Spretnak, Charlene. La dimensión espiritual de la política ecológica. Ediciones GEA, A.C., México, 1987. pp 4, 19 y 35) lo cual sugiere que por muchos siglos, estas sociedades matrifocales vivieron pacíficamente. Prefiero el uso del término matrifocales (enfocadas hacia la madre) que el término de matriarcales, (dominadas por las mujeres), pues las evidencias apuntan a que estas culturas no utilizaron la imagen central del culto a la madre como un elemento de dominación–poder–guerra. En esas culturas, la reverencia y adoración a la naturaleza y a la fertilidad, se representaban como la diosa madre primordial; de ella surgían todas las formas de vida, era la matriz tanto de lo femenino como de lo masculino. Esas sociedades, centradas en la madre Tierra, eran comunales y pacíficas. Existen evidencias, por ejemplo, de que en la Creta minoica se vivió aproximadamente un milenio sin guerras y los poblados de la Europa antigua vivieron por milenios sin fortificaciones. En México, se dice que en el periodo olmeca, se vivió también una época sagrada, un tiempo en que los seres humanos colaboraban con la creatividad del universo, lo cual se fue perdiendo en las épocas maya y zapoteca, para cambiar totalmente en el periodo náhuatl, (Virginia Sánchez Navarro, Agenda lunar, México, 1991) donde ya se manifestó abiertamente una cultura patriarcal guerrera. Cuando los seres humanos empezaron a ver a la naturaleza separada de ellas mismas, se produjo una ruptura tal entre ambas, que transformó a la naturaleza, incluyendo nuestros propios cuerpos, de fuerza vital en recursos explotables; con la violación y explotación de la naturaleza surgió la violación y explotación sobre las mujeres, sus vidas y sus cuerpos, ya que ellas, encarnaban el principio de reproducción de la vida de una manera palpable. Los hombres dejaron de reconocer su parte y responsabilidad en el crecimiento y cuidado de la vida, de lo que crece. Llegamos entonces a otra reflexión, íntimamente conectada con lo anteriormente explorado, ¿cuál es nuestra concepción de la salud humana? Podríamos decir que salud es un balance dinámico, que comprende la integración de lo que ha sido considerado como femenino: lo natural, lo emocional, con lo que ha sido considerado como masculino: lo racional, lo cultural. Para obtener salud debemos honrar al cuerpo, a la mente, a la Tierra y al cosmos entero. Si separamos y olvidamos algunos de ellos, posiblemente no obtendremos ese balance tan buscado. En realidad, tanto mujeres como hombres, compartimos mayormente la visión patriarcal de la vida: que valora lo intelectual, lo productivo (industrializado) y desvaloriza lo emocional (el amor), lo reproductivo (lo que sostiene la vida) y lo natural, es por eso que la mayoría de las mujeres se sienten inseguras y devaluadas. Algunas personas creemos, quizás muchas, que la salud de todas las personas y la de la Tierra van de la mano, pues somos un sólo sistema o mejor dicho, una red de sistemas y, los sistemas vivientes se rigen por leyes naturales universales. Una de estas leyes, quizás la primera, nos habla de que formamos parte de una inmensa y compleja comunidad cósmica y planetaria y que sólo viviendo en armonía dinámica y solidaridad de unas con otras se fortalece la continuación y evolución de la vida. Mientras más seguimos las leyes o principios naturales obtenemos mejor salud, en lo individual y en lo colectivo y es menor el deterioro ecológico. Mientras menos las seguimos, tanto nosotros como los ecosistemas enfermamos. La enfermedad es la ausencia del equilibrio natural dinámico. Por otra parte, los sistemas sociales son sistemas de vida humana en interrelación con los demás elementos del ambiente y entre los humanos mismos. Dentro de los sistemas sociales, ciertos patrones o modelos (paradigmas) de desarrollo conllevan cierto uso o abuso sobre los sistemas vivos. Es decir, un modelo de vida puede producir salud y otro, enfermedad, no sólo física, sino también mental, social y hacia la Tierra entera, y es aquí donde nos encontramos, es el modelo, del cual formamos parte, y en el cual todos los días minuto a minuto nos compartamos y pensamos de acuerdo a sus condiciones, acríticamente, o criticando y enfocando sólo partes del sistema, por ejemplo sólo lo social o sólo lo ambiental, sólo la problemática de la mujer, de los niños, de los indígenas, etcétera, mas no la problemática humana entera y esta ubicada en el otro contexto mayor: la Tierra y más allá…. El universo y todas sus influencias e interdependencias. El patriarcado, con sus relaciones de poder–dominación, jerárquicas, autoritarias y abusivas, no sólo de hombres sobre mujeres, sino de unas razas sobre otras, de la especie humana sobre las demás, es un pilar importantísimo de este modelo insano y destructivo. Se trata de un sistema complejo de dominaciones donde unas, dominamos a otras, y unas, somos dominadas por otras. El sistema patriarcal forma seres humanos divididos y mutilados; privados de la mitad de su expresión y potencialidades y a la vez enfrentados a su otra mitad, mujeres contra hombres, lo femenino contra lo masculino, naturaleza contra la civilización, el cuerpo contra la mente; la riqueza contra la pobreza. Los sistemas patriarcales fijan o establecen los cimientos de la dominación y abuso de unos seres por otros y de la naturaleza por los seres humanos. Una de las principales características de estos sistemas es alejar a las personas de la naturaleza, en lo físico y material y en lo mental, emocional y espiritual. Esto equivale a alejar a los seres humanos de su pertenencia al resto de la vida, y del cuidado y preservación de ella. Entonces, podríamos preguntarnos, ¿cuáles son nuestras aspiraciones? ¿cuáles son las aspiraciones que queremos lograr para la gente? ¿un modo de vida irresponsable y derrochador? ¿coche para todos, comida chatarra, abuso energético, viviendas lujosas y llenas de comodidades superfluas, enfermedades crónico degenerativas, violencia, alcoholismo, drogadicción, desintegración familiar y social o, vivienda, vestido y alimentación dignas y saludables, relaciones humanas gratificantes y relaciones ambientales balanceadas? Los altos grados de enfermedad, desnutrición, hambre y destrucción de los sistemas ecológicos de la Tierra, son un producto inherente al modelo de desarrollo dominante (patriarcal–capitalista–industrializador), por lo que no debiéramos enfocar toda nuestra energía sólo al alivio de los síntomas: apoyo a mujeres violentadas, reforestación, lucha contra una planta nuclear, apoyo a niños de la calle, etcétera. Una buena parte de nuestra energía, debiera dirigirse a cambiar el modelo, empezando por nosotras (os) y a sembrar condiciones para un cambio global de desarrollo, donde las relaciones no sean de dominación, sino mayormente de cooperación y esto, posiblemente podrá realizarse si comprendemos nuestro lugar en este maravilloso y complejo sistema de sistemas. ¿Será posible dejar de vernos como seres humanos divididos femeninas unas, masculinos otros, y aislados ambos de la naturaleza, para pasar a ser humanos completos, e interdependientes de sistemas naturales complejos? Acerca de la autora
Elena Álvarez-Ugena Pedrós, nació en Guadalajara, Jalisco el 11 de abril de 1953. Se graduó como Ingeniera Química en la Universidad Autónoma de Guadalajara y realizó posteriormente estudios en Sociología, Biología y Filosofía, y Psicología del oriente. Tiene dos hijos y vive en el estado de Michoacán desde 1976, en donde hace 15 años co-fundó uno de los primeros grupos ecologistas de Michoacán, la Asociación Ecologista Viva Natura, A.C. Con esta organización ha realizado una intensa labor educativa y de rescate de los recursos naturales de la región. Fue participante en la Conferencia Internacional sobre Educación Ambiental eco-ed, en Toronto, Canadá, en 1992 y en la Conferencia Internacional de la Red de Educación Ambiental Touch, en Checoslovaquia, en 1997. Es becaria de la Fundación MacArthur de 1994 a 1997, con un proyecto sobre educación ambiental hacia la sustentabilidad ecológica y social, con perspectiva de género. Es fundadora, de la Ecoescuela Tierra Viva, A.C. en Uruapan, Michoacán en 1994, un centro educativo ambiental con perspectiva de género, que proporciona espacios de crecimiento y capacitación especialmente a mujeres. Ha desarrollado un modelo de programa de educación ambiental con perspectiva de género. Es miembro de la Unión de Grupos Ambientalistas, del Pacto de Grupos Ecologistas y de la Red Internacional de Educación Ambiental Touch. Fervorosa creyente de la diversidad en la equidad, en todos sus sentidos como nutriente de la sustentabilidad, compañera generosa y solidaria. Para saber más
Azaola, Elena y Cristina y José Yacamán. Las mujeres olvidadas. Un estudio sobre la situación actual de las cárceles de mujeres en la república mexicana. Comisión Nacional de Derechos Humanos. El Colegio de México-piem. México, 1996. Bibliografía de cursos, seminarios y talleres del Programa Interdisciplinarios de estudios de la Mujer. El Colegio de México-piem. México, 1996. Brasdefer, Gloria. Beijing y el acceso de las mujeres al poder. Cuarta conferencia mundial sobre la mujer. Revista Mexicana de Política Exterior. México, 1995. Collet, Mercè; Rosa Ma. Ferrer y Fina Pla. Mujeres en busca de una nueva identidad. En Gaia ecología y desarrollo, núm. 85. España. pp 241-243. Dalton Palomo, Margarita. Mujeres, diosas y musas: tejedoras de la memoria. El Colegio de México-piem. México, 1996. Delgado Ballesteros, Gabriela. El acceso de las mujeres a la educación en la agenda multilateral. Cuarta conferencia mundial sobre la mujer. Revista Mexicana de Política Exterior. México, 1995. 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No permitas que se denigre a las mujer o a los hombres en ninguna parte. No le hagas el juego a los comercializadores que cosifican a los humanos mediante películas, revistas, teatro, centros nocturnos, etcétera. Abstente de comprarlas o de asistir a espectáculos viciados. Apoya a grupos de mujeres que luchan por sus derechos y por los derechos de otras. Pide en tu escuela o en la universidad que se aborden temas relacionados con la equidad de género para que se discutan, analicen y se propongan cambios de actitud. Lee sobre los grandes problemas a los que se enfrenta la mujer en nuestra sociedad actual. Recuerda siempre que los seres humanos tenemos diferencias físicas y biológicas, pero que espiritualmente somos iguales. Denuncia formalmente casos de violencia en contra de mujeres. Escribe a los medios de comunicación, especialmente a la televisión, para que suspendan programas en los que desvalorizan a las mujeres y fomentan el machismo. Cuando llegues a ser padre o madre o si ya lo eres, toma cursos acerca de la equidad de género, no repitas formas de educación que propicien dispariedad. Los daños que le estamos ocasionando al medio ambiente tienen mayor incidencia en los infantes, ancianos y particularmente a mujeres en época reproductiva. Forma grupos que ayuden a mitigar los efectos pero sobre todo a tratar de revertir las causas. Con quién y a dónde acudir
Acción Femenina Varsovia 37, col. Juárez, México D.F. C.P. 06600 Tel. 207 62 63 Acción Popular de Integración Social, A.C. J. Sánchez Azcona 1339-2, col. del Valle. México, D.F., C.P. 03100 Tels. 655 16 41 658 72 79 Alaide Foppa, A.C. Angel Flores 655, col. Vallarta. Mexicali, Baja California Norte C.P. 21270 Tel. (01 65) 52 85 44 Albergue Pedro Chanel Joaquín Herrera 202, col. Martín Carrera. México, D.F., C.P. 07700 Tel. 781-89 09 Alianza Cultural Femenina, A.C. Nautla 7, col. Roma Sur. México D.F., C.P. 06760 Tel. 264 35 78 Almacén de Recursos, A.C. Marmoleros Sur 1808 entre J y K, col. Libertad. Mexicali, Baja California Norte C.P. 21030 Tels. (91 65) 54 43 95 52 20 73 Amigos del estudiante Invidente (niñas). A.C. Calle Chica 45 bis, col. Toriello Guerra. México D.F., C.P. 14050 Tel. 665 15 95 Asilo Casa Betti, iap Privada San Sebastián 82, col. Azcapotzalco. México, D.F., C.P. 02040 Tel. 561 12 49 Asociación Centro Salesiano Femenino de Capacitación Rafael Donde, iap Laguna de San Cristóbal 50, col. Anáhuac. México D.F., C.P. 11320 Tel. 531 38 94 Asociación Civil García Conde Morelos 11, col. la Joya. México D.F., C.P. 14000 Tels. 655 79 82 573 86 45 Asociación Civil Trino de Ave, Temoatzin Calle Central 34, col. Barrio Norte. México D.F., C.P. 01410 Tel. 611 27 77 Asociación de Periodistas Universitarias, A.C. Sinaloa 84-24, col. Roma. México D.F., C.P. 06700 Tel. 525 50 52 Internet
Aspectos de la salud de las mujeres Web: http://inform.umd.edu:86/ Educational_resources/ Academic resourcesByTopic/WomensStudies/ GenderIssues/WomensHealth Enlace para mujeres Web: http://www.wwire.net/ Derechos del aborto y la reproducción Web: http://web.canlink.com/ocrt/abortion.htm Cybergirl Web:http://www.cybergirl.com/ Foros electrónicos para la mujer Web: http://sunsite.unc.edu/cheryb/women/elec-forum.html Conferencias para mujeres Web: http://inform.umdumd.edu:86/ Educational_Resources/ AcademicResourcesByTopic/WomensStudies/Conferences Mujeres: plática y discusión general Usenet:soc.women Lista de correo Majordomo: Nombre de lista: women Sucríbete a: majordomo@world.std.com Recursos para mujeres Web: http://www.mit.edu:8001/people/sorokin/ women/index.html http:/www.vuse.vanderbilt.edu/~suerkeck/women.html Mujeres en la agricultura Lista de correo Majordomo: Nombre de lista: agwomen-1 Suscríbete a: majordomo@peg.apc.org Mujeres notables Web: http://mustang.coled.umn.edu/exploration/women.html Género y sexualidad Web: http://www.cpsr.org/dox/program/gender Recursos sobre estudios de la mujer Web: http://umbc7.umbc.edu/~korenman/wmst/links.html Mercedes Barquet Género y políticas públicas E-mail: mbarquet@colmex.mx Dalia Barrera Participación política E-mail dbarrera@colmex.mx Soledad González Procesos de cambio en familias rurales E-mail msgonza@colmex.mx Luz Elena Gutiérrez de Velasco Literatura mexicana escrita por mujeres E-mail luzg@colmex.mx Irma Sauceso Salud reproductiva, cuerpo, sexualidad e identidad femenina E-mail isaucedo@colmex.mx Julia Tuñón Historia de las mujeres en México, Historia del cine mexicano E-mail:jtunion@colmex.mx Elena Urrutia Mujer y ciclo de vida E-mail: eurrutia@colmex.mx Para la discusión y el análisis
¿Cuáles son los principios o ideas claves en los que se basa el actual modelo de desarrollo? ¿Cuáles son los efectos del desarrollo sobre la naturaleza y en la vida de todas las personas? ¿Cuáles son las diferencias y efectos por clases sociales y por género? ¿Se produce el mismo efecto en los hombres que en las mujeres? u ¿obtienen la misma calidad de vida las mujeres y los hombres, y cómo es ella? ¿En el medio donde te mueves existe equidad de género? ¿Consideras que las mamás, aunque mujeres, reproducen esta iniquidad de géneros? Averigua si en México las mujeres tienen los mismos derechos jurídicos que los hombres. ¿Qué opinas respecto a quitar la costumbre de añadir el apellido del hombre al de la mujer cuando se casan? Sitio Web (URL): http://www.union.org.mx/publicaciones/publicaciones.htm Autor(es): Elena Josefina Álvarez-Ugena Pedrós
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