Con la llegada del tercer milenio, millones de personas latinoamericanas están privadas del
agua potable y sus sistemas de distribución, lo cual afecta especialmente a la población infantil
y femenina.
Las comunidades se ven obligadas a realizar ingentes esfuerzos para obtener agua que, a la
postre, resulta no solo escasa sino de baja calidad, con lo cual se exponen a riesgos sanitarios
y enfermedades.
Los cuerpos de agua y cuencas hidrográficas de la región padecen, en mayor o menor
grado, de serios impactos ambientales que amenazan su conservación y uso sostenible,
provocados por los conflictos asociados a la deforestación, a la implantación de
monocultivos agroindustriales y a la contaminación derivada de los procesos industriales.
La contaminación hídrica está ampliamente extendida en la región, pues no parece existir
ningún curso de agua, lago o acuífero sin contaminar; es preocupante que menos de la
mitad de la población urbana de América Latina esté conectada a sistemas cloacales, y que
las aguas servidas, casi en su totalidad, sean descargadas a los cursos de agua sin
tratamiento alguno, particularmente en puntos cercanos a las grandes ciudades, lo cual
afecta seriamente la salud de la población.
Las principales fuentes de contaminación de las aguas son los vertimientos directos de
aguas servidas de origen doméstico e industrial. La explotación minera afecta también
muchos ríos y zonas costeras. Otra fuente de contaminación proviene del uso a gran escala
de fertilizantes y agrotóxicos. Los acuíferos son contaminados por lixiviados de basureros,
pozos sépticos, alcantarillados, derrames de petróleo y escorrentías agrícolas.
El deterioro y contaminación de las aguas en la región se producen de manera simultánea
a severos desastres inducidos por la devastación ambiental y los cambios climáticos
globales. Invaluables ecosistemas y extensas áreas boscosas han desaparecido. Huracanes
e inundaciones han asolado países enteros dejando a millones de personas en la miseria
absoluta, sin vivienda y expuestos a las más inclementes epidemias.
El creciente endeudamiento externo y el pago del servicio de la deuda han agotado los
fondos públicos para atender las inversiones en infraestructura hidráulica y gestión
ambiental de las aguas. La expansión de los sistemas de suministro ha cesado casi por
completo y, en consecuencia, la cantidad de agua disponible